Ciencia de la implementación y políticas de salud: ¿Por qué la evidencia no siempre llega a la práctica?
En pocas líneas, te contamos de qué se trata:
- Existe una brecha de hasta 17 años entre lo que la evidencia científica demuestra y lo que efectivamente se aplica en los sistemas de salud el llamado «know-do gap».
- La ciencia de la implementación y la investigación en políticas de salud evolucionaron de forma paralela y con escaso diálogo, lo que profundiza esa brecha: incluso usan términos distintos para fenómenos similares (ej. «fidelidad» vs. «cumplimiento»).
- El artículo, de Adolfo Rubinstein y Vilma Irazola (IECS), aporta una perspectiva del Sur Global, con ejemplos de países de ingresos bajos y medios donde la fragmentación de los sistemas de salud y la dependencia de financiamiento externo exigen marcos propios, no solo los desarrollados en países de altos ingresos.
Por qué la evidencia no siempre se traduce en políticas de salud
Existe una brecha bien documentada entre lo que la investigación demuestra que funciona y lo que efectivamente se aplica en los sistemas de salud: se estima que una práctica basada en evidencia tarda en promedio 17 años en llegar a la práctica clínica o a una política pública. A esa distancia se la conoce como el «know-do gap».
Un artículo publicado en Frontiers in Health Services por Adolfo Rubinstein y Vilma Irazola (IECS) analiza por qué esta brecha persiste, y propone que buena parte del problema está en que dos campos que deberían dialogar -la ciencia de la implementación y la investigación en implementación de políticas de salud- evolucionaron durante décadas de manera casi paralela, con escasa comunicación entre sí.
Dos disciplinas, un mismo objetivo
La ciencia de la implementación se ocupa de cómo lograr que intervenciones ya probadas (un tratamiento, un programa de control de hipertensión) se instalen efectivamente en la práctica cotidiana de los sistemas de salud. La investigación en implementación de políticas, en cambio, estudia cómo se formulan, adoptan y sostienen las políticas dentro de sistemas políticos complejos.
El artículo muestra que estas diferencias no son solo de objeto de estudio, sino también de lenguaje: donde una disciplina habla de «fidelidad» de una intervención, la otra habla de «cumplimiento» de una norma. Esa falta de vocabulario común dificulta que los hallazgos de un campo alimenten al otro.
La evidencia no alcanza por sí sola
Uno de los planteos centrales del artículo es que la evidencia científica rara vez es, por sí misma, el factor que determina un cambio de política. En las decisiones de alto nivel pesan también el contexto político, los intereses en juego, las ideas dominantes y las relaciones de poder entre actores. Los autores describen esto como un ciclo dinámico: investigación clínica, escalamiento a través de la implementación, y adopción de política, atravesado todo el tiempo por factores de contexto que no dependen de los investigadores.
La perspectiva de los países de ingresos bajos y medios
Un aporte central del trabajo es su mirada desde el Sur Global. La mayoría de los marcos teóricos disponibles fueron desarrollados y probados en países de altos ingresos, y no siempre son trasladables sin adaptación a contextos como el de Argentina o el de otros países de la región, donde la fragmentación de los sistemas de salud, la inestabilidad política y la dependencia de financiamiento externo introducen restricciones adicionales.
Con ejemplos de Argentina, Sudáfrica, Afganistán, Nigeria y Ghana, el artículo ilustra cómo distintos marcos -desde el análisis de economía política hasta modelos de investigación incorporada en agencias de gobierno- se usaron para tender puentes entre la evidencia científica y la decisión política en esos contextos.
Podés leer el paper completo acá