Transformación digital en salud en América Latina: ¿qué hace posible su implementación?
En pocas líneas, te contamos de qué se trata:
- La transformación digital no consiste solo en incorporar tecnología: requiere identificar qué problemas del sistema de salud se busca resolver y orientar la estrategia hacia esos objetivos.
- El liderazgo, la continuidad política, el financiamiento, la gobernanza y la capacidad de los equipos para gestionar el cambio pueden ser tan determinantes como la infraestructura tecnológica.
- No existe una única receta de implementación: las experiencias de Argentina, Uruguay, Chile y México muestran que las estrategias deben adaptarse a las características políticas, institucionales y organizacionales de cada país.
¿Cómo se pasa de una estrategia de salud digital a una transformación efectiva del sistema de salud?
Un nuevo estudio publicado en npj Digital Medicine, del que participaron, entre otros destacados autores, Adolfo Rubinstein, director del CIIPS, y Cintia Cejas, coordinadora del CIIPS, analiza las experiencias de Argentina, Uruguay, Chile y México para identificar qué factores facilitan o dificultan la implementación de políticas nacionales de transformación digital en salud.
A partir de 32 entrevistas semiestructuradas y el análisis de cuatro experiencias nacionales, el estudio muestra que implementar estas políticas es mucho más que un desafío tecnológico: intervienen factores políticos, financieros, culturales y organizacionales, además de las capacidades de los equipos responsables de conducir el proceso.
Digitalizar no es lo mismo que transformar
Una de las primeras lecciones surge de los propios objetivos de las políticas. En algunos de los casos estudiados, la digitalización estuvo inicialmente centrada en incorporar sistemas, informatizar procesos o registrar información, sin establecer con suficiente claridad qué problemas del sistema de salud se buscaba resolver.
El caso argentino mostró un enfoque diferente: la Estrategia Nacional de Salud Digital vinculó la transformación digital con un objetivo más amplio de cobertura universal y avanzó en instalarla como una prioridad transversal de gobernanza, más allá de considerarla exclusivamente un asunto de tecnología o sistemas de información.
La comparación refuerza una de las principales conclusiones del estudio: la transformación digital debe ser un medio para alcanzar objetivos sanitarios y mejorar el desempeño del sistema, no un fin en sí misma.
Tecnología y financiamiento: necesarios, pero no suficientes
La infraestructura importa. La falta de conectividad, equipamiento y capacidad de los sistemas generó obstáculos en varios de los países estudiados. Pero el análisis muestra problemas más complejos: decisiones tempranas sobre interoperabilidad, estándares o arquitectura pueden condicionar el desarrollo futuro y resultar difíciles y costosas de modificar.
Algo similar ocurre con el financiamiento. Mientras algunos países enfrentaron insuficiencia o inestabilidad de recursos, otros dispusieron de fondos pero encontraron rigideces presupuestarias y administrativas que dificultaron utilizarlos de acuerdo con las necesidades de la implementación. No se trata solamente de cuánto se invierte, sino también de cómo y con qué flexibilidad pueden utilizarse esos recursos.
La transformación también es política y organizacional
Los cuatro casos muestran además la importancia de la continuidad institucional. Los ciclos electorales pueden poner en riesgo procesos que necesitan varios años para consolidarse. Uruguay logró dar mayor continuidad a su iniciativa al integrarla en una agenda nacional de transformación digital; en Argentina, la estructura federal requirió construir acuerdos e involucrar a las provincias en la implementación. Las experiencias de Chile y México, por su parte, muestran algunos de los riesgos de concentrar el impulso de una política en los niveles más altos de gobierno sin construir suficiente apropiación en otros actores y niveles del sistema.
Los equipos de implementación también resultan decisivos. El estudio destaca la necesidad de combinar conocimiento tecnológico y clínico con liderazgo, capacidad política y habilidades de comunicación. Implementar una transformación supone acompañar a quienes utilizarán las nuevas herramientas, generar confianza y sostener el compromiso incluso cuando los resultados todavía no son visibles.